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Sus Orígenes
Fundadores de las Misiones Jesuíticas
Por qué cayeron las Reducciones Jesuíticas

 



Jesús resucitado, museo de S.Ignacio Guazú.

 
   

 



Durante los años en que existieron y florecieron las Reducciones, unos 14.000 jesuítas de todo el mundo, se ofrecieron para este trabajo dificilísimo. Sus nombres siguen todavía en los archivos centrales de la Compañía de Jesús en Roma. Para estos hombres dedicados a los ideales de servicio a la Iglesia, en las misiones extranjeras, el Paraguay causó una atracción magnética.

La misión del Paraguay exigía virtudes y cualidades sobresalientes:
salud fuerte, capacidad de adaptación, ánimo excepcional para un viaje muy peligroso, por no decir un viaje en una sola dirección, y talento lingüístico, pues todo el trabajo era en guaraní, un idioma totalmente distinto de los europeos. Solamente uno entre diez fue seleccionado; en total 1565 jesuítas (no todos europeos, pues algunos habían nacido en América, y de los más grandes, como luego veremos).

Esta ofrenda de sí mismo era de por vida. Y también era una oblación implícita para el martirio. En la Capilla de los Mártires de la Parroquia de Cristo Rey (Asunción) existe, grabada en mármol, la lista de 26 jesuítas mártires del Paraguay. Los tres primeros Roque González de Santa Cruz y sus compañeros Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, ya fueron beatifiados por la Iglesia (28 de enero de 1934). Y se espera su pronta canonización. Los otros 23 son considerados como "venerables".

Entre los 26 hay hombres de muchas nacionalidades. Cinco son americanos: dos asunceños, un argentino de Salta, un peruano, y un boliviano. Dos fueron italianos, uno alemán y uno holandés. Españoles son 12, de casi todas las regiones de España: Cataluña, país vasco, las dos Castillas, Andalucía, las islas Baleares y las Canarias.

Además del Beato Roque González y el P. Blas de Silva, que había sido provincial de 1706 a 1709, y que murió mártir el 10 de setiembre de 1719, hubo otros 79 jesuítas nacidos en el Paraguay. Como ya hemos indicado, los había de varias partes de Sudamérica, pero la mayoría vinieron de Europa. Ya hemos mencionado también el carácter internacional de la empresa misionera jesuítica. En sus importantes obras Misiones y sus pueblos guaraníes", el historiador argentino Guillermo Furlong incluye un capítulo sobre el "internacionalismo misionero" y otro titulado "Los Grandes Misioneros", donde cita unos 106, que él juzga sobresalientes. Entre ellos hay, por supuesto una mayoría de españoles (de todas las partes de España), pero también muchos franceses, italianos, alemanes, belgas, u suizo, un griego, un austriaco, un bohemio, un húngaro, un sardo, un polaco, un irlandés y dos ingleses.

Aunque no podemos excluir a ninguno de ellos como "gran misionero", sin embargo, hay tres (además del fundador de la provincia paraguaya, el P. Diego de Torres, del cual ya hemos hablado) que me han impresionado especialmente durante mis investigaciones. El primero, naturalmente, es el Beato Roque González, asunceño; nació en 1576; y su infancia se ve modelada en el encuentro de dos culturas: la española y la guaran (tica. A los 14 años y con espíritu juvenil y un poco ingenuo, se fue a la selva para imitar a los ermitaños y orar y hacer penitencia. A los 22 años fue ordenado sacerdote por el Obispo franciscano Fernando de Trejo y Sanabria, hermano de Hernandarias. Durante nueve años rigió la catedral de Asunción. En 1609, cuando el Padre Diego de Torres empezaba a impulsar un proyecto misionero en favor de los indígenas. Roque entró novicio en la Compañía de Jesús; fue el primer misionero del Chaco Paraguayo. Después evangelizó los actuales departamentos de Misiones, Ñeembucú, Encarnación y ascendió hasta los saltos del Guaira.
Fue el fundador de la ciudad de Encarnación, así como de la ciudad argentina de Posadas.

En Argentina se encuentran otras tres poblaciones fundadas por el mismo: Santa Ana, Concepción y Yapeyú (donde naciera el libertador San Martín). En lo que actualmente es Brasil, fundó San Nicolás. Mientras fundaba Caaró en noviembre de 1628, murió bajo el golpe de una "itaizá" (que se encuentra en la capilla de los Mártires de Cristo Rey, junto con su corazón maravillosamente conservado, después de la incineración de su cuerpo).

Otro héroe de las Reducciones, poco conocido de quienes no son historiadores y que, en importancia y envergadura, me parece por lo menos igual al Beato Roque González, fue también el americano: Antoni Ruiz Montoya. Nació en Lima, Perú, el 13 de junio de 1585 (nueve años después de Roque). Su vida fue más larga que la de su gran contemporáneo.

Antonio Sepp, cuya vida fue quizás menos dramática que la de Ruiz de Montoya, fue un misionero de envergadura comparable a la suya. El historiador brasileño Artur Rabuske lo califica "El Genio de las Reducciones Guraníticas" (subtítulo de su propio libro sobre Sepp). Y cuando Rabuske utiliza la palabra "genio" no lo hace en el sentido tan superficial, en que se usa hoy en día, sino que fríamente da la lista de los aspectos varios en los cuales fue original este hombre verdaderamente polifacético.

Fue fundador de la Reducción de San Juan Bautista en 1697 y nos dejó una descripción bastante detallada de esta obra, descripción que resulta única.

En su libro. El Barroco Hispano Guaraní, la eminente historiadora Josefina Pía indica que la mayoría de los misioneros no fueron "genios", sino hombres dotados de una "capacidad improvisadora a la cual prestaron apoyo feliz la inteligencia, la industria natural, y el entusiasmo.
El Padre misionero, en suma, y como dice Sepp, debía ser, como San Pablo, todo para todos".

No se puede decir, tampoco, que todos los misioneros de las Reducciones fueron santos en el sentido de "canonizables". Sin embargo,según el historiador Arnaldo Bruxel, durante siglo y medio (1609 —1768) de los 1565 misioneros "solamente ha sido necesario retirar más que cinco o seis, casi todos por falta de salud: uno de ellos no conseguía aprender el Guaraní, otro no superaba una terrible melancolía; otro sufría de constante insomnio. Aún ellos, aceptados en los colegios, sirvieron fielmente hasta el fin de sus vidas".


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