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El 24 de mayo de 1768,
el Gobernador de Buenos Aires, Francisco de Bucareli, salió
de la capital con un ejército de 1.500 soldados.
Su destino era Candelaria, capital
de las Reducciones. Tenía en sus manos orden de Carlos III,
Rey de España, mandando la expulsión de los jesuítas
de todo el imperio español, incluidas las Reducciones. Iba
con este ejercito porque esperaba alguna resistencia de parte de
los jesuitas o de los indios.
En cada Reducción, sin embargo,
los padres rindieron sus llaves y sus personas sin ninguna resistencia;
tampoco los indios resistieron, pues los padres, que ya sabían
que venía Bucareli, les habían pedido a los indios
que aceptaran las órdenes, injustas quizás, pero legítimas.
El historiador Cunninghame Graham
ha escrito: "Nada hubiera sido más fácil, dada
la escasez de las tropas de Bucareli, que contravenir y resistir
su pequeño ejército y establecer un estado independiente".
Pero no fue la reacción de los jesuítas; estos tuvieron
que navegar, río abajo, hasta Buenos Aires, fueron encarcelados,
e hicieron ef triste viaje hasta Europa.
El profesor Richard Alan White
(de la Universidad de California) juzga que la expulsión
de los jesuítas solo puede entenderse "en el contexto
del absolutismo de los gobiernos del siglo XVIII"; quienes
buscaban expulsión "divulgaron rumores falsos de minas
de oro escondidas y de una conspiración jesuítica
para crear un estado independiente suyo en las selvas de Sudamérica;
eso fue solamente el pretexto de la expulsión". (The
Americas, abril, 1945).
El inglés Sir Woodbine Parish,
en su libro Buenos Aires y las Provincias del Río de la Plata,
añade otro motivo de expulsión :"EI notable buen
éxito de los jesuítas lograron despertar las envidias
y los celos, y dio lugar a mil cuentos absurdos acerca de sus miras
políticas, que obtuvieron un crédito fácil
en aquella crédula edad y aceleraron sin duda la caída;
su verdadero crimen, si tal puede llamarse, consistía en
el poder y fuerza moral que poseían".
Estas dos causas (el obsolutismo
de los gobiernos y la envidia) son, de hecho, en suma las dos preferidas
por la mayoría de los investigadores aunque con diversas
palabras. El absolutismo creciente del siglo XVIII comosu sucesor
en el siglo, XX, el totalitarismo, no aguantaba ninguna rivalidad:
el estado debía ser todo poderoso y omnicompétente.
Era y es totalmente celoso, no admitiendo ni pluralismo ni diversidades.
Como los primeros ministros de las cortes borbónicas en España,
Francia y Portugal, (Aranda, Choiseul y Pombal, con su aliado en
Nápotes, Tanucci) creyeron que la Compañía
de Jesús representaba un poder independiente, se pusieron
de acuerdo en que fuera eliminada totalmente. Esto ha acontecido
frecuentemente, en la historia de la Iglesia, a la Compañía
de Jesús, y a otra Ordenes religiosas. Como ha observado
el historiador Lord Acton, "El poder corrompe, el poder absoluto
corrompe absolutamente" y también, el poder absoluto
no tolera otros poderes. La ironía evidente fue que, al cabo
de pocos años los mismos poderes absolutos fueron totalmente
aplastados en Europa, e incluso en América.
Otra pregunta resta: ¿Por
qué las Reducciones se hundieron después de la expulsión
de los jesuítas?
De hecho, no se hundieron inmediatamente.
El Gobernador Bucareli trató de continuar con las Reducciones,
pero con jefes seglares y, como aconteció al mismo tiempo
en Brasil, John Hemming ha notado:
"Eso fue poner lobos en vez de pastores". Sin la motivación
sobrenatural, nadie pudo dedicarse a los indios como lo habían
hecho los misioneros. Tampoco ni los obispos ni las otras órdenes
religiosas tenían misioneros preparados ni suficientes en
número para esta tarea. Poco a poco la población de
las Reducciones fue disminuyendo. Por ejemplo, en 1818, cuando definitivamente
acaeció la ruina de las Reducciones, estaban ya éstas
con un tercio de la población que tenían en 1768.
Todavía en 1777, el Provincial de los franciscanos visitó
las Reducciones, en las que había religiosos de su orden,
y lamentó que entonces había una ruina "que deberá
atribuirse a los mismos que con ciencia y justicia, han sido autorizados
por orden del Rey y los ministros para sostenerlos".
En cualquier caso, se entiende
bien. Como ha explicado el historiador Richard Alan White, "fue
una respuesta sumamente civilizada de los guaraníes cuando
se dieron cuenta de que sus riquezas fueron robadas, su trabajo
explotado, su economía deformada, y su sociedad reducida
al servicio de una "élite" criminal".
La evaluación del gran antropólogo
canadiense Alfred Métraux (en el libro publicado por la Smithsonian
Institution, Handbook of South American Indians) merece ser citado:
"Todo el sistema fue tan admirablemente adaptado que, después
de la expulsión de los jesuítas, los españoles
se vieron obligados a continuarlo, a pesar de varias decisiones
de destruirlo. Cuando los rasgos llamados "mediocomunistas"
fueron abolidos en 1848, la condición de los indios no mejoró,
sino más bien se deterioró. Muchos rasgos de la organización
de los jesuítas tiene hoy en día el visto bueno de
personas que tratan con los indios actuales, que están en
el mismo nivel cultural de los guaraníes de la época
de las Reducciones".
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