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Los primeros misioneros en América
no fueron jesuítas, sino franciscanos, dominicos, mercedarios
y sacerdotes seculares. En realidad en el momento de la conquista,
no existían jesuítas todavía en el mundo.
La Compañía de Jesús
empezó en 1534, cuando el primer grupo de "jesuítas",
universitarios en París y amigos del vasco Ignacio de Loyola,
pronunciaron votos en un santuario mariano, la fiesta de la Asunción,
en Montmartre, entonces suburbio de París. Incluyendo a Ignacio
fueron siete: el futuro apóstol de Asia, el navarro Francisco
Javier, el saboyano Beato Pedro Fabro; los castellanos Diego Laínez,
y Nicolás Bobadilla; el toledano Alfonso Salmerón;
y el portugués. Simón Rodrigues.
Un poco más tarde se unieron al grupo Claudio Jayo, saboyano,
y dos franceses, Pascasio Broét y Juan Coduri.
En 1540, el Papa Paulo III dio
su aprobación oficial a este grupo internacional, que se
ofreció al servicio de la Iglesia para cualquier trabajo
o misión que el Papa escogiera.
Desde el principio, la Compañía
de Jesús fue una orden misionera.
Ante de morir, (el 31 de julio de 1556), Ignacio de Loyola había
enviado misioneros a la India, al Japón, al Congo y al Brasil.
Los Padres Manuel de Nóbrega (fundador de Salvador, Bahía
y José de Anchieta (fundador de San Pablo) y sus compañeros
en Brasil trabajaron, desde luego, con los portugueses, pero también
con los indios tupís (parientes de los Guaraníes);
de hecho, el Beato José de Anchieta estudió el idioma
Tupí y compuso la primera gramática de este idioma,
junto con un catecismo, poesías e himnos para la evangelización.
Este impulso misionero e internacional,
y este interés por los indios y sentido de adaptación
a su idioma, fueron típicos de los jesuítas en todo
el mundo, quizás más aún en las Reducciones
paraguayas, dos generaciones más tarde.
En 1567 jesuítas españoles
fueron destinados a Perú, donde trabajaron con los indios
y dominaron sus idiomas. Uno de estos misioneros fue el P. Diego
de Torres, que sería en 1607, designado el primer "provincial"
(superior regional) de la nueva provincia jesuítica del Paraguay,
aproximadamente lo que hoy llamamos "el Cono Sur".
Antes de 1607, sin embargo, ya
habían estado en esta región algunos jesuítas
misioneros. En 1587 llegaron a Asunción los PP. Manuel Ortega
(portugués), Tomás Fields (irlandés) y Juan
Saloni (catalán), los cuales ya sabían el idioma Tupí,
parecido al Guaraní. Los tres trabajaron con los indios.
En 1593 llegaron dos PP. españoles, Juan Romero y Marcial
Lorenzana. Sin embargo, después de estos esfuerzos misioneros,
y por falta de número, el Provincial jesuíta de Perú,
el P. Esteban Páez, decidió abandonar las misiones
experimentales del Paraguay.
Afortunadamente el obispo franciscano
de Asunción pidió ayuda al superior general de los
jesuítas en Roma, el P. Claudio Acquaviva. Fue él
quien nombró al P. Diego de Torres, superior provincial de
las nuevas provincias jesuítas del Paraguay. Por casualidad
el obispo franciscano, que escribió a Roma fue Martín
Ignacio de Loyola, ¡sobrino-nieto de San Ignacio de Loyola!,
por ello, el historiador Phillip Caraman opina que este franciscano
puede ser llamado "como cualquier otro, fundador de la República
jesuítica de las Reducciones del Paraguay".
Al este de Asunción, al
otro lado del río Tebicuary, el P. Marcial de Lorenzana,
con la colaboración del cacique guaraní Arapizandú,
fundó la primera Reducción, San Ignacio Guazú
(finales del año 1609). Este pueblo tuvo que transladarse
a otro sitio en 1628, y en 1667 se ubicó donde está
ahora. Mientras tanto, en el norte, en las orillas del río
Paranapanema, algunos kilómetros antes de su confluencia
con el Paraná, los PP. José Cataldino y Simón
Maceta, italianos, fundaron la Reducción de Loreto en 1610.
Esta misión fue demolida por los bandeirantes ("los
paulistas") en búsqueda de esclavos, pero su gente se
trasladó (como veremos) río abajo al lugar que actualmente
está en Argentina entre San Ignacio Miní y Posadas.
Como se ve en estos ejemplos, las
Reducciones tuvieron que cambiar de lugar varias veces, y por eso
los mapas a veces confunden un poco. El mapa que ofrecemos en este
librito indica la ubicación final en el último período
de las reducciones, es deciden los años que anteceden a 1767
(año del decreto de expulsión de los jesuítas).
Durante aquellos años hubo 30 reducciones, por lo que se
suele hablar de los "Treinta pueblos" o "Reducciones".
Desde el principio, además
del Padre Provincial, que vivía en Córdoba (actualmente
Argentina), había siempre un Superior de las misiones, más
cercano a las Reducciones. Durante muchos años este Superior
vivía en la Reducción de Candelaria (actualmente Argentina),
más o menos en un sitio céntrico, para facilitar sus
frecuentes visitas a todas las Reducciones. Hubo también,
por supuesto, regulares visitas del Provincial, así como
de los Gobernadores Civiles y de los Obispos.
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