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Volviendo hacia Encarnación
visitaremos finalmente las ruinas que son las más interesantes
y sugestivas de todas. Trinidad fue fundada por indios que procedían
del pueblo de San Carlos, en la actual Argentina.
Sus arquitectos principales fueron los dos Hermanos jesuítas
que ya conocemos: el mitanes Juan Bautista Pnmoli y el catalán
José Grimau; y, después de la muerte de Prfmoli, en
1747, probablemente los mismos Antonio Forcada y Juan Antonio de
Ribera, que trabajaban en Jesús. Ramón Gutiérrez
opina que Busaniche se ha equivocado pensando que Trinidad nunca
fue terminada. El cita al Obispo de la Torre, que escribe en 1761
que la "nueva iglesia es toda de la misma piedra y tan capaz
que puede ser iglesia catedral para cualquier de estas partes".
Desgraciadamente, como indica Gutiérrez,
"uno de los brillantes administradores, que la Real Corona
puso en los pueblos para "liberar" a los indios de la
"opresión" jesuítica derribó una
arquería para proveerse de piedras para construir una casa
y ocasionó el derrumbe de la mejor iglesia de las misiones".
Jaime Oliver, que conoció
todas las Reducciones en el momento de la expulsión, describió
la iglesia de Trinidad como "la mayor y mejor de todas las
Misiones; toda de piedra, con bóveda muy hermosa, con media
naranja y linterna; todo con gran claridad, proporción y
adorno;
La fachada y torre son cosa soberbia.
Concluido todo hubiera sido obra sin igual en toda aquella América
y muy envidiable aun en las principales ciudades de Europa".
Enormemente impresionante es, desde
luego, el friso, dentro de la Iglesia, íntegramente decorado
con una procesión de angelitos trabajados en la misma piedra,
que conservan a pesar del tiempo, el encanto de sus posturas barrocas.
Un músico tendrá más interés aún
en los instrumentos musicales barrocos, que los angelitos están
tocando. Ya hemos hablado de eso en la sección que trata
de la música en las Reducciones.
En las excavaciones hechas dentro
del templo se han hallado estatuas interesantes (con su color intacto)
y huesos de algunos misioneros enterrados allí. He celebrado
la Misa, abajo, en una excavación, con compañeros
jesuítas conmemorando a nuestros antepasados.
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Imagen
de la Trinidad, Trinidad. |
Al oeste estaba el enorme claustro
o "colegio", unos 55 metros de ancho por 65 de largo.
Una galería la rodeaba íntegramente. Pero solamente
quedan algunos restos de los cimientos y algunos pedazos. En el
lado norte, un muro de más de cinco metros de alto cerraba
el "colegio", con una portada en la parte media que repetía
el juego de los arcos del claustro.
Hacia el oeste se levantan las
ruinas de la torre y una capilla larga.
La torre es un monumento único en las misiones, de base cuadrangular,
pesado, con algo de torre fuerte. No se sabe si esta piedra fue
torre atalaya o campanario, o las dos cosas a la vez. La capilla
hubo de ser una capilla auxiliar donde se celebraba el culto hasta
tanto se terminara la iglesia.
Quizás lo más interesante
de todo sea las viviendas de los indios.
Son grupos de habitaciones seguidas, como era normal en las Reducciones;
pero hay en éstas ciertos rasgos distintivos. En lugar de
los clásicos pilares de madera, las galerías tienen
hermosas arquerías de piedra labrada. Sobre fuertes pilaresse
apoyan arcos de medio punto de dos metros de luz, con impostas y
archivoltas molduras. Cada grupo de habitaciones tiene ocho arcos
en frente hacia la plaza. Estas galerías son de piedras,
y el conjunto nos hace pensar en los más impresionantes puentes
o acueductos romanos.
En los muros de piedra de las habitaciones,
se destaca también, sobre dinteles, una hermosa roseta labrada.
Cada sección de las viviendas mide unos veinte metros y está
separada del cuerpo siguiente por una pequeña calle; entre
cada dos grupos hay una calle ancha.
Trinidad nos muestra los
restos tristes de lo que aparecía a sus habitantes el momento
cumbre de la "república jesuítica-guaranitica".
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